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Latinoamérica: en pro de una integración regional y una desvinculación parcial del mercado capitalista mundial
Debemos aprender las lecciones del siglo XX para aplicarlas al comienzo del siglo XXI
Eric Toussaint
[Click HERE for the English translation]
La crisis económica y financiera internacional
cuyo epicentro se halla en Estados Unidos tendría que ser aprovechada por los
países latinoamericanos para construir una integración favorable a los pueblos
y al mismo tiempo iniciar una desvinculación parcial.
Se debe aprender las lecciones del siglo XX para aplicarlas en
este comienzo de siglo. Durante la década de los 1930 que siguió la crisis que
estalló en Wall Street en 1929, hubo 12 países de Latinoamérica que fueron
directamente afectados y que, en consecuencia, suspendieron de manera prolongada
el reembolso de sus deudas externas contraídas, principalmente, con banqueros
de América del Norte y de Europa occidental. Algunos de ellos, como Brasil y
México, impusieron a sus acreedores, diez años más tarde, una reducción de
entre el 50 y el 90% de su deuda. México fue el que llevó más lejos las
reformas económicas y sociales. Durante el gobierno de Lázaro Cárdenas, la
industria del petróleo fue completamente nacionalizada sin que por ello los
monopolios norteamericanos fueran indemnizados. Además, 16 millones de
hectáreas fueron también nacionalizadas y retornadas en su mayor parte a la
población indígena bajo la forma de bienes comunales. En el transcurso de los
años treinta y hasta mediados de los sesenta, varios gobiernos latinoamericanos
llevaron a cabo políticas públicas muy activas con el fin de conseguir un
desarrollo parcialmente autocentrado, conocidas más tarde con el nombre de
modelo de industrialización por substitución de importaciones (ISI). Por otra
parte, a partir de 1959, la revolución cubana intentó dar un contenido
socialista al proyecto bolivariano de integración latinoamericana. Este
contenido socialista despuntaba ya en la revolución boliviana de 1952. Fue
necesaria la brutal intervención estadounidense, apoyada por las clases dominantes y las fuerzas
armadas locales, para terminar con el ciclo ascendente de emancipación social
de este período. Bloqueo de Cuba desde 1962, junta militar en Brasil desde
1964, intervención estadounidense en Santo Domingo en 1965, dictadura de Banzer
en Bolivia en 1971, golpe de Estado de Pinochet en Chile en 1973, instalación
de las dictaduras en Uruguay y en Argentina.
El modelo neoliberal fue puesto en práctica primero en Chile, con
Pinochet y la ayuda intelectual de los Chicago
boys de Milton Friedman, y luego se impuso en todo el continente,
favorecido por la crisis de la deuda que estalló en
En este comienzo del siglo, el proyecto
bolivariano de integración de los pueblos de la región ha tenido un nuevo
impulso. Si se quiere llevar más lejos
este nuevo ciclo ascendente es necesario aprender las lecciones del pasado. Lo
que le faltó, en particular, a Latinoamérica durante las décadas de
El otro proyecto de integración, que se inscribe en el pensamiento bolivariano, quiere dar un contenido de justicia social a la integración. Esto implica la recuperación del control público sobre los recursos naturales de la región y sobre los grandes medios de producción, de crédito y de comercialización. Se debe nivelar por arriba las conquistas sociales de los trabajadores y de los pequeños productores, reduciendo al mismo tiempo las asimetrías entre las economías de la región. Hay que mejorar sustancialmente las vías de comunicación entre los países de la región, respetando rigurosamente el ambiente (por ejemplo, desarrollando el ferrocarril y otros medios de transporte colectivos antes que las autopistas). Hay que apoyar a los pequeños productores privados en numerosas actividades: agricultura, artesanado, comercio, servicios, etc. El proceso de emancipación social que persigue el proyecto bolivariano del siglo xxi pretende liberar la sociedad de la dominación capitalista apoyando las formas de propiedad que tienen una función social: pequeña propiedad privada, propiedad pública, propiedad cooperativa, propiedad comunal y colectiva, etc. Así mismo, la integración latinoamericana implica dotarse de una arquitectura financiera, jurídica y política común.
Se debe aprovechar la actual coyuntura internacional, favorable a los países en desarrollo exportadores de productos primarios antes de que la situación cambie. Los países de Latinoamérica han acumulado cerca de 400.000 millones de dólares en reservas de cambio. Es una suma no despreciable, que está en manos de los Bancos Centrales latinoamericanos, y que debe ser utilizada en el momento oportuno para favorecer la integración regional y blindar al continente frente a los efectos de la crisis económica y financiera que se desarrolla en América del Norte y Europa, y que amenaza a todo el planeta. Lamentablemente, no hay que hacerse ilusiones: Latinoamérica está en vías de perder un tiempo precioso, mientras los gobiernos prosiguen, más allá de la retórica, una política tradicional: firma de acuerdos bilaterales sobre inversiones, aceptación o continuación de negociaciones sobre ciertos tratados de libre comercio, utilización de las reservas de cambio para comprar bonos del Tesoro de Estados Unidos (es decir, prestarle capital a la potencia dominante) o credit default swaps cuyo mercado se ha hundido con Lehman Brothers, AIG, etc., pago anticipado al FMI, al Banco Mundial y al Club de París, aceptación del tribunal del Banco Mundial (CIADI) para resolver los diferendos con las transnacionales, continuación de las negociaciones comerciales en el marco de la agenda de Doha, mantenimiento de la ocupación militar de Haití. Después de un ruidoso y prometedor arranque en el 2007, las iniciativas anunciadas en materia de integración latinoamericana parecen haberse frenado en el 2008.
En cuanto al lanzamiento del Banco del Sur, éste lleva mucho retraso. Las discusiones no se profundizan. Hay que salir de la confusión y dar un contenido claramente progresista a esta nueva institución, cuya creación fue decidida en diciembre del 2007 por siete países de América del Sur. El Banco del Sur tiene que ser una institución democrática (un país, un voto) y transparente (auditoría externa). Antes que financiar con dinero público grandes proyectos de infraestructura, pocos respetuosos del ambiente, realizados por empresas privadas, cuyo objetivo es obtener el máximo beneficio, se debe apoyar los esfuerzos de los poderes públicos para promover políticas tales como la soberanía alimentaria, la reforma agraria, el desarrollo de la investigación en el campo de la salud y la implantación de una industria farmacéutica que produzca medicamentos genéricos de alta calidad; reforzar los medios de transporte colectivo ferroviario; utilizar energías alternativas para limitar el agotamiento de los recursos naturales; proteger el ambiente; desarrollar la integración de los sistemas de enseñanza...
Al contrario de lo que muchos creen, el problema de la deuda pública no se ha resuelto. Es verdad que la deuda pública externa se ha reducido, pero ha sido sustituida por una deuda pública interna que, en ciertos países, ha adquirido proporciones totalmente desmesuradas (Brasil, Colombia, Argentina, Nicaragua, Guatemala), a tal punto que desvía hacia el capital financiero parasitario una parte considerable del presupuesto del Estado. Es muy conveniente seguir el ejemplo de Ecuador, que estableció una comisión de auditoría integral de la deuda pública externa e interna, a fin de determinar la parte ilegítima, ilícita o ilegal de la misma. En un momento en el que, tras una serie de operaciones aventuradas, los grandes bancos y otras instituciones financieras privadas de Estados Unidos y de Europa borran unas deudas dudosas por un monto que supera largamente la deuda pública externa de Latinoamérica con ellos, hay que constituir un frente de países endeudados para obtener la anulación de la deuda.
Se debe auditar y controlar estrictamente a los bancos privados, porque corren el peligro de ser arrastrados por la crisis financiera internacional. Hay que evitar que el Estado sea llevado a nacionalizar las pérdidas de los bancos, como ya ha pasado tantas veces (Chile bajo Pinochet, México en 1995, Ecuador en 1999-2000, etc.). Si hay que nacionalizar unos bancos al borde de la bancarrota, esto debe hacerse sin indemnizaciones y ejerciendo el derecho de reparación (repetición) sobre el patrimonio de sus propietarios.
Por lo demás, han surgido numerosos litigios en estos últimos años entre los Estados de la región y multinacionales, tanto del Norte como del Sur. En lugar de remitirse al Centro Internacional de Resolución de Diferendos en materia de Inversiones (CIADI), que es parte del Banco Mundial, dominado por un puñado de países industrializados, los países de la región tendrían que seguir el ejemplo de Bolivia, que se ha retirado del mismo. Deberían crear un organismo regional para la resolución de litigios en cuestiones de inversiones. En materia jurídica, los Estados latinoamericanos deberían aplicar la doctrina Calvo y negarse a renunciar a su jurisdicción en casos de litigio con otro Estado o con empresas privadas. ¿Cómo se puede seguir firmando contratos de préstamos o contratos comerciales que prevén que, en caso de litigio, sólo son competentes las jurisdicciones de Estados Unidos, del Reino Unido o de otros países del Norte? Se trata de una renuncia inadmisible del ejercicio de la soberanía.
Es conveniente restablecer un control estricto de los movimientos de capitales y del cambio, a fin de evitar la fuga de capitales y los ataques especulativos contra las monedas de la región. Es necesario que los Estados que quieren materializar el proyecto bolivariano de integración latinoamericana para una mayor justicia social avancen hacia una moneda común.
Naturalmente, la integración debe tener una
dimensión política: un Parlamento latinoamericano elegido por sufragio
universal en cada uno de los países miembros, dotado de un poder legislativo
real. En el marco de la construcción política, hay que evitar la repetición del
mal ejemplo europeo, donde
Así mismo, es necesario reforzar las
competencias de
Hasta este momento, coexisten varios procesos de integración: Comunidad Andina de Naciones, Mercosur, Unasur, Caricom, Alba... Es importante evitar la dispersión y adoptar un proceso integrador con una definición político-social basada en la justicia social. Este proceso bolivariano debería reunir a todos los países de Latinoamérica (América del Sur, América Central y Caribe) que se adhieran a esta orientación. Es preferible comenzar la construcción común con un núcleo reducido y coherente, que con un conjunto heterogéneo de Estados cuyos gobiernos siguen orientaciones políticas sociales contradictorias, cuando no antagónicas.
La integración bolivariana debe ir acompañada
de una desvinculación parcial del mercado capitalista mundial. Se trata de ir
suprimiendo progresivamente las fronteras que separan los Estados que
participan en el proyecto, reduciendo las asimetrías en los países miembros
especialmente gracias a un mecanismo de transferencia de riqueza desde los
Estados más «ricos» a los más «pobres». Esto permitirá ampliar
considerablemente el mercado interior y favorecerá el desarrollo de los
productores locales bajo diferentes formas de propiedad. Permitirá poner en
vigencia el proceso de desarrollo (no sólo la industrialización) por
sustitución de importaciones. Por descontado, ello implica el desarrollo, por
ejemplo, de una política de soberanía alimentaria. Al mismo tiempo, el conjunto
bolivariano constituido por los países miembros se desvinculará parcialmente
del mercado capitalista mundial. En particular, esto implicará abrogar tratados
bilaterales en materia de inversiones y de comercio. Los países miembros del
grupo bolivariano también deberían retirarse de instituciones tales como el
Banco Mundial, el FMI y
Como se indicó antes, los Estados miembros del nuevo grupo bolivariano se dotarán de nuevas instituciones regionales, como el Banco del Sur, que desarrollarán relaciones de colaboración con otras instituciones similares constituidas por Estados de otras regiones del mundo.
Los Estados miembros del nuevo grupo
bolivariano actuarán con el máximo número de terceros Estados por una reforma
democrática radical del sistema de las Naciones Unidas, con el objetivo de
hacer cumplir
Traducción: Griselda Pinero y Raul Quiroz






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